domingo

Jenna.



Decidí alejarme de todo y malgastar el verano vagabundeando por albergues europeos, para desahogar del estrés de la vida cotidiana, e ir de aquí a allá y de allí a acá durante un par de meses.  Las cosas fueron bastante bien, hice buenos amigos, descubrí rincones y culturas, disfruté del sexo esporádico.. y sobre todo, conocí a Jenna.

Tras un cansado y lluvioso día en Gante, explorando todos sus rincones, llegué empapada a la pensión donde me hospedaba, y al levantar mis ojos me encontré con una mujer de unos 40 años, preciosa, con un estilo sutilmente formal, unos ojos negros perfectos, y un rojo carmín en los labios que me dejaron sin aliento. La miré, y vi como se mordía el labio con sus ojos clavados en mi pecho.. y entonces entre en el ascensor. No os voy a mentir, el hecho de que fuese tan perfecta, mezclado con la diferencia de edad, me puso cachondísima, pero yo era lo suficientemente tímida como para que mezclado con mi cansancio solo me apeteciese echarme en la cama.

A la mañana siguiente, desperté empapada, tras soñar con esos ojos negros mirándome desde mi entrepierna, y no pude evitar masturbarme antes de bajar a desayunar, pero al ir a abrir la puerta de la habitación, que sorpresa la mía al encontrar un pequeño sobre.. Lo abrí, mientras mis manos palpitaban, saqué un trozo de papel que narraba con una caligrafía perfecta:

“No debería salir por ahí sin brasier, o sus preciosos pezones
cogerán frío.

# 503

Xx”

Mientras leía cada palabra, mis piernas temblaban con la idea, de que la autora del mensaje fuese aquella mujer. Guardé el sobre en el bolsillo de mi vaquero y bajé a desayunar, bajé bastante desarreglada, vaqueros y camiseta, con la melena suelta y alborotada. Me serví un café y una tostada, y elegí una mesa en una esquina, para otear si mi musa esta allí, pero no tuve la suerte de encontrarme con sus preciosos ojos. Desayuné rápidamente y subí a la habitación. Al entrar, otro sobre esperaba en el suelo, lo recogí cerré la puerta y lo abrí con ansia. Fuese quien fuese estaba consiguiendo calentarme con el jueguito.

“Veo que aún no se ha duchado, y ahora es moda eso de
ahorrar agua, ¿no?

Xx”

Ahora si que me había vencido, sus palabras dominantes, jactándose de mi juventud con esa expresión, habían elevado mi contador al máximo, y cuando estaba apunto de tener una sobrecarga, un “knoc knoc” en mi puerta me sobresaltó. Me acerqué timidamente y abrí la puerta, encontrándome con aquella mirada, aquel vestido negro por el muslo, aquellos labios que se abrieron para decirme.. “Don't you really know the way?” Mis manos abrieron del todo la puerta de la habitación, invitándola a entrar, ella con paso firme caminó hasta la cama donde se quedó inmóvil, y con un gesto me invitó a sentarme. “I know you like me, and i wanna be your misstress on a naughty game”. Su inglés perfecto con acento alemán, y su voz aguda e imponente, me sacaron de mi cuerpo, para convertirme en su esclava perfecta. Me sentó en la cama, y se desabrochó tres botones en el escote de su vestido, que dejaban ver sus perfectos pechos, a los que no les afectaba el paso del tiempo.con sus rodillas entre mis piernas, se deslizó sobre mí hasta llegar a mi boca.me mordió suavemente el labio, dejando marcado su carmín en los mios.y fue besándome suavemente hasta llegar a mi cuello, donde empezó a morderme y lamerme,mientras su mano se deslizaba suavemente entre mi bragueta. “I really like young girls wearing jeans, they know how to make me crazy.” Sus delicadas yemas acariciaron mi clít, haciéndome estremecer. Yo temblaba de placer, nunca había estado con una mujer tan mayor, ni con una tan dominante, y me estaba encantando.

Me arrancó la camiseta, y tras un "Your big boobs make me really crazy", se puso a jugar con mis pezones, con su lengua, con sus dientes, de vez en cuando resoplaba, y un escalofrío de placer me hacia arquear la espalda por completo. Mis manos querían perderse entre sus ropas, pero ella me las agarró, sujetándolas por encima de mi cabeza, mientras me mordía todo el pecho. Mis caderas se movían solas de arriba a abajo, y ella acercó su rodilla a mi culo, haciendo a mis labios rozar con su muslo, consiguiendo que mi excitación aumentase considerablemente. “Shhhhh.. Just stay.” se deslizó. Dejando caer sus piernas fuera de la cama, y colocando sus ojos en mi sexo, como en mi sueño. Me mojé entera solo de pensar lo que iba a pasar, y ella se dio cuenta, ya que acercó su cara a mi sexo, para beber todo mi jugo, su lengua se adentraba en mí juguetona, y luego salía resbalando hasta mi clit, y moviendo temblorosamente la puntita.

Cuando estaba a punto de estallar de placer, paró me dijo que me retirase hasta el cabecero de la cama, y se sacó el vestido, dejando ver un cuerpo pálido y perfecto, no extremadamente delgado, con un tatuaje de un dragón asiático que se deslizaba de su omóplato a su pelvis, ese detalle suburbano en un cuerpo tan formal me motivó. Se acercó, colocándose encima de una de mis piernas, y se balanceó sobre ella para mostrarme lo mojada que yo también la ponía a ella.
Entonces se retiró hacia atrás y acercó su húmedo sexo al mío, para restregarlo suavemente. “You like it baby?” Por supuesto que me encantaba, pero no fui yo sino mis gemidos y jadeos los que contestaron, poco a poco nuestras caderas fueron aumentando su velocidad, en un sensual baile, que me hizo explotar en un sonoro orgasmo, que me dejó temblando sobre su coñito.

“Now is your turn baby, show me what are spanish girls made of”. “No lo dudes” Le contesté, la tendí en la cama, y me subí sobre ella, para besarla, para notar mi sabor en su lengua, y luego bajar a su cuello, a sus pequeños pezones, en sus prominentes pechos, los cuales agarraba con ansia la muy perra para que me los comiese. Luego seguí bajando y al llegar a su sexo, mi ama temblaba de placer, mi lengua deambulo por sus labios, adentrándose un poco en ella, y luego dejo paso a mis dedos, centrándose en su clit. A los pocos minutos mi ama temblaba de placer, y yo me deleitaba con su agua, como si me hallase en un desierto.

Tras unos instantes inmóviles, ella se vistió y con un “I´m Jenna, Pleased to meet you” Abandonó mi habitación. Al volver esa noche al hotel, la habitación 503 ya estaba vacía, y Jenna se convirtió en material indispensable en mis más ardientes sueños, así como en uno de mis mejores recuerdos de este verano.

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